Mi verdad puede resultar ficticia; mi fantasía puede parecer realidad.
La verdad y la fantasía son como los idiomas, si no se saben interpretar, es difícil comprenderlos.
(Isabel Sánchez)





Yo crecí con el convencimiento de que sabía escuchar a los demás. Y aunque ahora sé hacerlo mejor que hace diez años, debo admitir que sólo soy un oyente correcto. Escuchar de manera efectiva implica algo más que el simple acto de evitar el hábito de interrumpir a los demás cuando hablan, o acabar sus frases. Implica sentirse complacido con escuchar la totalidad del pensamiento de alguien, en lugar de aguardar impacientemente una oportunidad para responder. Enlentecer nuestro tiempo de respuesta y aprender a escuchar mejor nos ayuda a convertirnos en personas más plácidas. Nos liberamos de presiones. Si aguardamos a que la gente con quién estamos hablando acabe, si nos limitamos sólo a escuchar con mayor atención lo que están diciendo, advertiremos que desaparece la presión que se experimenta cuando tenemos prisa por interrumpir. Y la gente que hable con nosotros se sentirá más relajada, porque no tendrán la sensación de competir con nosotros por el “tiempo de emisión”. Convertirse en alguien que sabe escuchar mejor no sólo hará de nosotros personas más pacientes, sino que también mejorará la calidad de nuestras relaciones humanas. A todo el mundo le gusta hablar con alguien que escucha de verdad lo que se le está diciendo.

(Texto extraído del libro “No te ahogues en un vaso de agua” de Richard Carlson.)
© Sentimientos Paralelos


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(Isabel Sánchez)