Mi verdad puede resultar ficticia; mi fantasía puede parecer realidad.
La verdad y la fantasía son como los idiomas, si no se saben interpretar, es difícil comprenderlos.
(Isabel Sánchez)





La sociedad dicta las normas, y tú puedes seguirlas o rechazarlas.
La gente utiliza la amistad, el amor y la oración para escudarse. Cuando quieren llorar, no pueden; sonríen, porque la sonrisa es un escudo. Cuando no quieren llorar, lloran, porque las lágrimas pueden actuar como escudo. Nuestra risa sólo es un movimiento con los labios, y tras ella escondemos la verdad: nuestras lágrimas.
La sociedad se desarrolla en torno a una idea que básicamente es hipócrita. Tienes que ser lo que los demás quieren que seas, no lo que eres. Por eso todo se vuelve falso, ficticio.
Se mantiene la distancia incluso en la amistad.
Hay otra gente, una minoría, más real, más auténtica. Personas que buscan su ser original, su rostro natural. Personas que están preparadas para renunciar a todas las máscaras, todas las pretensiones, todas las hipocresias, y mostrarse tal como son en realidad. No les importan que les amen o que les critiquen, que les respeten, les honren o les difamen, que les coronen o que les crucifiquen. Aunque ocurra lo que ocurra, seguirán estando satisfechas y complacidas con su forma de ser verdadera. A eso se le llama estar por encima de los demás.
Las otras personas, las hipócritas, esas se atreven a descalificarles como rebeldes, locos e imbéciles. Pero la triste realidad es que con su hipocresia se dan facilidad a sus propias vidas, no se preocupan en enriquecerse como seres humanos, y a todo aquello que no entienden o no quieren aprender por comodidad, le suelen llamar locura o estupidez.
Han estado condicionadas durante tanto tiempo que deshacerse del condicionamiento les llevaria un tiempo. Y renunciar a ello sería reconocer que son falsas y ficticias.
Siempre hay un momento para romper conexiones erróneas y crear una nueva identidad. Cuando desaparezca lo falso, aparecerá lo verdadero con toda su novedad, con su belleza, con sus valores. Porque la sinceridad es belleza, igual que la honestidad y la autenticidad.
Simplemente ser tú mismo es ser bello.
Como dice Osho, un Maestro que él mismo utiliza las enseñanzas de Maestros de otras épocas para acercarse a la iluminación, en su libro "El esclavo": Tu conciencia, entendimiento y valentía que estás decidido a encontrarte y tu compromiso con ésto disolverá los rostros falsos que te han sido adjudicados por los demás.
© Sentimientos Paralelos


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(Isabel Sánchez)