Mi verdad puede resultar ficticia; mi fantasía puede parecer realidad.
La verdad y la fantasía son como los idiomas, si no se saben interpretar, es difícil comprenderlos.
(Isabel Sánchez)



No voy a entrar en monólogos absurdos intentando convencer a esos impresentables que discriminan a otros porque se creen superiores a ellos. He escrito mucho sobre el racismo, sus raíces y sus consecuencias y siempre he afirmado que la mayor bajeza del ser humano es despreciar e incluso odiar hasta la violencia a otro por tener otro color de piel diferente a la suya. La ignorancia no es la base del racismo, como afirman algunos tal vez para justificarse a sí mismos; es la soberbia, el miedo y cobardía a lo desconocido, la envidia y la inferioridad, el odio infundado por temas políticos y de religión. La base del racismo está en la arrogancia y la maldad del hombre que inferioriza al otro porque se pisa su autoestima continuamente con sus actitudes, no conoce el respeto a su propia dignidad. Leí hace años una frase de la que desconozco a su autor, que define exactamente al racista:
"El racismo no es más que la soberbia de un ser evidentemente inferior".

© Sentimientos Paralelos


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(Isabel Sánchez)