La envidia, la mascota del demonio


La envidia es un pecado capital, una energía maligna que ataca a todo aquello que es bueno, puro, armonioso.
Con extrema habilidad, el envidioso oculta lo que siente, se enmascara bajo un manto de amistad, simpatía, engaños, manipulaciones, sín demostrar jamás sus malignas intenciones, encargándose de difamar, desprestigiar, desvalorizar a quienes envidia, porque le hace sombra al ser más inteligentes, felices, mejores dotados, etc.
El gusano obscuro de la envidia crece como un sentimiento negativo que da lugar a emociones negativas que circulan por el torrente sanguíneo del afectado, enfermando a cada célula, tejido, órgano, contaminando el corazón y cerebro.
Del libro "La envidia, esa pequeña muerte" de Carolina Aguirre, he extraído el siguiente texto.
De todos los pecados, la envidia es el de peor reputación. La lujuria, por ejemplo, despierta simpatías masivas entre jóvenes y maridos aburridos. La gula es grotesca y visible, y emerge en los asados y restaurantes de tenedor libre. La ira comporta un problema menor, un vicio de carácter. La avaricia es una bajeza, pero las mezquinas proezas en nombre del ahorro están a la orden del día: ¿quién no tiene un amigo que una y otra vez cae a cenar con las manos vacías? La pereza y la soberbia son deslices cotidianos, y los honramos cuando llegamos tarde al trabajo por remolonear en la cama o al opinar sin conocer del tema. Para la mayoría de la gente, en cambio, la envidia es otra cosa. Para casi todos, la envidia es una enfermedad del alma, la corrosión de todo lo noble y tierno en el ser humano. Es posible y hasta ordinario que alguien declare que es demasiado vago para empezar el gimnasio, o “calentón” e irascible con los mozos que se equivocan. Es posible que confiese su adicción a los dulces y revele que es “gordo de alma”, también que admita su arrogancia e incluso su tacañería; pero jamás en la vida, en ningún caso, se escuchará la confesión de un envidioso. Tan grave es su estigma social.

- La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren. (Arthur Schopenhaner)

- La envidia es una declaración de inferioridad. (Napoleón)

- ¿Qué es el envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta. (Victor Hugo)

- ¡Oh envidia, raiz de infinitos males y carcoma de las virtudes! (Miguel de Cervantes Saavedra)

- Tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos. (Séneca)

- La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria. (Francis Bacon)

- Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada. (Jacinto Benavente)


Ya sabes, si eres envidioso/a, cúrate y no le toques los "calagüis" al personal.
Tu maldad se rebotará contra tí algún dia.
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El miedo es lo único que nos limita
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