Celos y posesividad


Si una persona se ama a sí misma, se respeta y se acepta, nunca buscará aferrarse a nada ni a nadie, ni tampoco temerá perderlo.
La posesividad hacia otra persona es sinónimo de inseguridad y baja autoestima lo que puede derivar en males físicos y enfermedades mentales.
Lo importante no es amar mucho, sino amar bien.
No tenemos derecho en torturar a la persona amada con nuestras fantasias, imaginaciones y obsesiones. Si somos capaces de comprender que nadie es de nadie, viviremos nuestras relaciones sin conflictos con nosotros mismos.
Decia Otto Klineberg (psicólogo social) que las personas celosas son frecuentemente algo sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad.
En la realidad cotidiana, los celos enturbian y rompen las relaciones, sean cuales sean, las personas celosas acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes, el gozo y el placer del encuentro, del equilibrio en la pareja, que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto a la autonomia del otro.
Normalmente quienes padecen de ataques de celos, son personas muy centradas en sí mismas, personas que controlan todo cuanto ocurre a su alrededor a fin de que nadie pueda ensombrecer su protagonismo en su vida cotidiana. Y que con esa actitud, no solo evidencian su inseguridad, sino un déficit de inteligencia emocional.
Solo existe una forma de curarse, saliendo de su autoencierro, un encierro que genera un círculo vicioso a todo aquél que lo traspase dominado por la persona posesiva y que difícilmente su relación triunfará.
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El miedo es lo único que nos limita
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