Detectar mentiras y falsedades a través de la sonrisa



Un cazador de mentiras no debe confiar jamás en un solo indicio del engaño; puede haber muchos.
Esto es exactamente lo que se estudia en el Manual de Investigaciones de Paul Ekman "Cómo detectar mentiras" que podéis conocer visitando la web inteligencia-emocional.org
Los indicios faciales deben ser corroborados por los que proceden de las palabras, la voz y el resto del cuerpo. Aún dentro del rostro mismo, no debería interpretarse ningún indicio si éste no se repite y, mejor aún, si no es confirmado por otro indicio facial.
Existen dieciocho tipos distintos de sonrisas.
Las falsas no podrán diferenciarse de las auténticas si no se sabe cómo se asemeja o aparta cada una de las restantes integrantes de la familia de las sonrisas.
El denominador común de la mayoría de las sonrisas es el cambio que en el semblante el músculo cigomático mayor, que une los malares con las comisuras de los labios, cruzando cada lado del rostro. Al contraerse, el cigomático mayor tira de la comisura hacia arriba en dirección al malar, formando un ángulo. Si el movimiento es fuerte, también estira los labios, alza las mejillas, forma una hondonada bajo los párpados inferiores y produce, al costado de las comisuras de los ojos, las clásicas arrugas conocidas como “patas de gallo”. (En algunos individuos, este músculo empuja levemente hacia abajo también el extremo de la nariz, en tanto que en otros les tensa un poco la piel cerca de la oreja.) La acción conjunta de algunos otros músculos y del cigomático mayor da lugar a los diferentes miembros de la familia de las sonrisas; y hay asimismo unas pocas apariencias sonrientes producidas por otros músculos sin la intervención del cigomático.
Pero basta la acción del cigomático para generar la sonrisa evidenciada toda vez que uno siente una emoción genuina positiva, no controlada. En esta sonrisa auténtica no participa ningún otro músculo de la parte inferior del rostro; la única acción concomitante que puede presentarse es la contracción de los músculos orbiculares de los párpados, que rodean cada ojo. Estos últimos son asimismo capaces de provocar la mayoría de las alteraciones en la parte superior del rostro a que da lugar la acción del cigomático mayor: elevación de la mejilla, depresión de la piel debajo del ojo, “patas de gallo”. Esta dura más y es más intensa cuando los sentimientos positivos son más extremos.
Hay varios indicios para distinguir las sonrisas falsas de las sonrisas auténticas que simulan ser:
Las sonrisas falsas son más asimétricas que las auténticas,
Una sonrisa falsa no estará acompañada nunca de la acción de los músculos orbiculares de los párpados. Por ende, en una sonrisa falsa leve o moderada no se alzarán las mejillas, ni habrá hondonadas debajo de los ojos, ni patas de gallo, ni el leve descenso de las cejas que se presentan en la sonrisa auténtica leve a moderada. En cambio, si la sonrisa falsa es más pronunciada, la propia acción de sonreír (o sea, la acción del músculo cigomático mayor) alzará las mejillas, cavará la cuenca de los ojos y producirá arrugas en las comisuras de éstos. Pero no bajará las cejas. Si alguien, mirándose en un espejo, sonríe en forma cada vez más marcada, notará que a medida que la sonrisa se amplía las mejillas se levantan y aparecen las patas de gallo; pero las cejas no descenderán a menos que también actúe el músculo palpebral. La falta de participación de las cejas es un indicio sutil pero decisivo para diferenciar las sonrisas auténticas de las sonrisas falsas cuando la mueca es pronunciada.
El tiempo de desaparición de la sonrisa falsa parecerá notablemente inapropiado, es decir puede esfumarse demasiado abruptamente, o tal vez deforma escalonada.
Usada como máscara, la sonrisa falsa no abarca más que movimientos en la parte inferior del rostro y en el párpado inferior. Seguirán siendo visibles los movimientos de los músculos faciales fidedignos de la frente, que señalan el temor o la angustia. Y aun en la parte inferior de la cara, la sonrisa falsa quizá no logre disimular por completo los signos de la emoción que pretendemos ocultar, haya una mezcla de elementos de tal manera que se perciban huellas, como en una fusión de emociones.
El rostro puede mostrar muchos y muy diferentes indicios del engaño: microexpresiones, expresiones abortadas, autodelación de los músculos faciales fidedignos, parpadeo, dilatación de las pupilas, lagrimeo, rubor, empalidecimiento, asimetría, errores en la secuencia temporal o la sincronización, y sonrisas falsas. Algunos de estos indicios delatan una información oculta; otros proporcionan pistas que indican que algo se está ocultando, aunque no nos dicen qué; y otros marcan que una expresión es falsa.

De todas formas, pase lo que pase…no dejes nunca de sonreir, es la fórmula mágica para todas las situaciones.
-----
El miedo es lo único que nos limita
Gracias por tu visita

Comentarios