Mi verdad puede resultar ficticia; mi fantasía puede parecer realidad.
La verdad y la fantasía son como los idiomas, si no se saben interpretar, es difícil comprenderlos.
(Isabel Sánchez)





Pienso que la Cumbre de Copenhague ha tenido una función semejante a la que tuvo la Eco-92 en Río de Janeiro. Después de la Eco-92 surgió en el mundo entero la cuestión de la sustentabilidad y de la crítica al sistema del capital visto como esencialmente anti-ecológico, pues implica una producción ilimitada a costa de la extracción ilimitada de los recursos y servicios de la naturaleza. Creo que a partir de ahora la Humanidad tomará conciencia de que, a partir de la sociedad civil mundial, de los movimientos, organizaciones, instituciones, religiones e iglesias, cambia de rumbo o tendrá que aceptar entonces la aniquilación de la biodiversidad y el riesgo del exterminio de millones y millones de seres humanos, no excluida la eventualidad de la desaparición de la propia especie humana.
Esta conciencia va a encontrar los medios para presionar a las empresas, a los grandes emprendimientos y a los Estados para hallar una nueva relación con la Tierra. El problema no es la Tierra, sino nuestra relación para con ella, relación de agresión y de explotación implacable. Necesitamos establecer un acuerdo Tierra y Humanidad para que ambos puedan convivir interdependientemente, con sinergia y espíritu de reciprocidad. Sin esto no tendremos futuro. El futuro vendrá a partir de la fuerza de la simiente, es decir, de las prácticas humanas personales y comunitarias que crean redes, ganan fuerza y consiguen imponer un nuevo orden que garantizará un nuevo tipo de historia.

No, no creo. Los grandes no tienen ninguna preocupación que vaya más allá de sus intereses materiales. Todas las políticas que hasta ahora fueron pensadas y proyectadas por el G-20 apuntan a salvar el sistema económico-financiero, con correcciones y regulaciones (que hasta ahora no se realizaron) para que todo vuelva a lo que era antes. Antes reinaba la especulación más desvergonzada que se pueda imaginar. Basta pensar que el capital productivo, aquél que se encuentra en las fábricas y en el proceso de generación de bienes, suma 60.000 billones de dólares.
El capital especulativo, basado en papeles, alcanzaba la cifra de 500.000 billones. Circulaba en las bolsas especulativas del mundo entero, gerenciado por verdaderos ladrones y falsarios. La verdadera alternativa sólo puede ser: salvar la vida y la Tierra y poner la economía al servicio de estas dos prioridades. Hay una tendencia al suicidio dentro del capitalismo: prefiere morir o hacer morir antes que renunciar a sus beneficios.

Llegamos a un punto en el que todos seremos afectados por los cambios climáticos. Todos corremos riesgos, inclusive el de que gran parte de la humanidad tenga que desaparecer por no conseguir adaptarse ni mitigar los efectos maléficos del calentamiento global. No podemos confiar nuestro destino a representantes políticos que, en realidad, no representan a sus pueblos sino a los capitales con sus intereses presentes en sus pueblos. Necesitamos nosotros mismos asumir una tarea salvadora. Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta. Si no podemos cambiar el mundo, sí podemos cambiar este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros.
Sabemos gracias a la nueva biología y por la física de las energías que toda actividad positiva, que va en la dirección de la lógica de la vida, produce una resonancia morfogenética, tal como se dice. En otras palabras, el bien que hacemos no queda reducido a nuestro espacio personal. Ese bien resuena lejos, se irradia y entra en las redes de energía que vinculan a todos con todos, reforzando el sentido profundo de la vida. De ahí pueden ocurrir surgimientos sorprendentes que apunten hacia un nuevo modo de vivir sobre el planeta y nuevas relaciones personales y sociales más inclusivas, solidarias y compasivas. Efectivamente, se nota por todos lados que la humanidad no está inmóvil ni endurecida por las perplejidades. Miles de movimientos están buscando formas nuevas de producción y alternativas que respondan a los desafíos.
Solamente hablando de ONGs, existen más de un millón en el mundo entero. Es un movimiento de base y no de cúpulas, las cuales siempre interrumpen los cambios.

Si trabajamos con los parámetros de la física clásica, la inaugurada por Newton, Galileo Galilei y Francis Bacon, orientada por la relación causa-efecto, estamos perdidos. No tenemos tiempo suficiente para introducir cambios, ni sabiduría para aplicarlos. Iríamos fatalmente al encuentro de lo peor. Pero si cambiamos de registro y pensamos en términos de proceso evolutivo, cuya lógica viene descripta por la física cuántica que ya no trabaja con materia sino con energía (la materia, por la fórmula de Einstein, es energía altamente condensada), ahí el escenario cambia de figura.
Del caos nace un nuevo orden. Las turbulencias actuales preanuncian una emergencia nueva, venida de aquel trasfondo de Energía que subyace en el universo y en cada ser (llamado también Vacío Cuántico o Fuente Originaria de todo ser). Las emergencias o surgimientos introducen una ruptura e inauguran algo nuevo todavía no ensayado. Así, no sería extraño que de repente, los seres humanos volvieran en sí y pensaran una articulación central de la humanidad para atender las demandas de todos con los recursos de la Tierra, recursos que, si son racionalmente gerenciados, son suficientes para nosotros los humanos y para toda la comunidad de vida (animales, plantas y otros seres vivos).
Posiblemente, llegaríamos a esto sólo ante un peligro inminente o después de un desastre de grandes proporciones. Ya decía Hegel: el ser humano no aprende nada de la historia, sino que aprende todo del sufrimiento. Prefiero a San Agustín que en las Confesiones reflexionaba: el ser humano aprende a partir de dos fuentes de experiencia: el sufrimiento y el amor. El sufrimiento por la Madre Tierra y por sus hijos e hijas y el amor por nuestra propia vida y supervivencia van a salvarnos.
Entonces, no estaríamos frente a un escenario de tragedia cuyo fin es fatal o inevitable sino de una crisis que nos acrisola y purifica y nos crea la oportunidad de un salto rumbo a un nuevo ensayo civilizatorio, éste sí, caracterizado por el cuidado y por la responsabilidad colectiva por la única Casa Común y por todos sus habitantes.

Las leyes solamente tienen sentido y funcionan cuando previamente se ha creado una nueva conciencia con los valores ligados al respeto y al cuidado de la vida y de la Tierra, percibida como nuestra Madre, pues nos provee todo lo que necesitamos para vivir. Si existe esa conciencia, puede materializarse en leyes, tribunales y cortes que hagan justicia a la vida, a la Humanidad y a la Tierra con castigos ejemplares. En el caso contrario, los tribunales sólo tienen un carácter legalista, de difícil aplicación, sin su necesaria aura moral, que le confiera legitimidad y reconocimiento por parte de todos.
Entonces debemos primero trabajar en la creación de esa nueva conciencia. Yo mismo estoy trabajando con un pequeño grupo, a pedido de la Presidencia de la Asamblea de la ONU, en una Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Esa declaración deberá difundirse por todos los medios de comunicación, especialmente por Internet, para favorecer la creación de esta nueva conciencia de la humanidad. La nueva centralidad no es más el desarrollo sustentable, sino la vida, la humanidad y la Tierra, entendida como Gaia, un superorganismo vivo.

El propósito de todo el proyecto de la modernidad, nacido en el siglo XVI, está asentado sobre la voluntad de poder que se traduce en la voluntad de enriquecimiento, que presupone la dominación y explotación ilimitada de los recursos y servicios de la Tierra. En nombre de esta intención se construyó el proyecto-mundo, primero por las potencias ibéricas, después por las centroeuropeas y finalmente por la hegemonía estadounidense. Al principio no había cómo darse cuenta de las consecuencias funestas de esta empresa, pues ésta incluía entender la Tierra como un simple baúl de recursos, algo sin espíritu que podría ser tratado como quisiéramos. Surgió el gran instrumento de la tecno-ciencia que facilitó la concreción de este proyecto. Transformó el mundo, surgió la sociedad industrial y actualmente la sociedad de la información y de la automatización.
Toda esta civilización ofrece a los seres humanos, como felicidad, la capacidad de consumo sin obstáculos, sea de bienes naturales, sea de bienes industriales. Llegamos a un punto en el que consumimos un 30% más de lo que la Tierra puede reproducir. Ella está perdiendo más y más sustentabilidad y su biocapacidad; simplemente no aguanta más el nivel excesivo de consumo por parte de los dueños del poder y de los controladores del proceso de la modernidad.
El 20% de los más ricos consume el 82,4% de toda la riqueza de la Tierra, mientras que el 20% de los más pobres tiene que contentarse con sólo el 1,6% de la riqueza total. Ahora nos damos cuenta de que una Tierra limitada no soporta un proyecto ilimitado. Si quisiéramos universalizar el nivel de consumo de los países ricos para toda la Humanidad, los cálculos ya fueron hechos: necesitaríamos por lo menos 3 Tierras iguales a ésta, lo que se revela como una imposibilidad. Tenemos que cambiar, en el caso de que queramos superar esta injusticia social y ecológica universal y tener un mínimo de equidad entre todos.

Se debe comenzar por algún lugar. El lugar más inmediato es comenzar por cada uno. El desafío, frente al problema universal, es convencerse de que podemos ser más con menos. Importa hacer la opción por una simplicidad voluntaria y por un consumo compasivo y solidario pensando en todos los demás hermanos y hermanas y demás seres vivos de la naturaleza que padecen hambre y están sufriendo todo tipo de carencias. Pero para ello, debemos realizar la experiencia radicalmente humana de que de hecho todos somos hermanos y hermanas y que somos ecointerdependientes y que formamos una comunidad de vida.
La economía se orientará para producir lo que realmente necesitamos para vivir y no para acumular ni para lo superfluo, una economía de lo suficiente y de lo decente para todos, respetando los límites ecológicos de cada ecosistema y obedeciendo los ritmos de la naturaleza. Esto es posible. Pero precisamos de una "metanoia" bíblica, de una transformación de nuestros hábitos, de nuestra mente y de nuestros corazones. Esta transformación constituye la espiritualidad. No es facultativa, es necesaria. Cada uno es como una gota de lluvia. Una moja poco. Pero millones y millones de gotas hacen una tempestad, ahora es necesario un tsunami del bien.

El gobierno brasilero no acumuló todavía la suficiente masa crítica ni la conciencia de la importancia de la floresta amazónica en la consecución del equilibrio climático de toda la Tierra. Si el problema es el exceso de dióxido de carbono en la atmosfera, entonces son las florestas las grandes secuestradoras de este gas que produce el efecto invernadero y, en consecuencia, el calentamiento global.
Ellas absorben los gases contaminantes por medio de la fotosíntesis y los transforman en biomasa, liberando oxígeno. En vez de establecer la meta de deforestación cero y en esa posición ser rígido e implacable, por amor a la humanidad y a la Tierra, el gobierno establece que para 2020 va a reducir la deforestación en un 15%. Y hay políticas contradictorias, pues por un lado el Ministerio de Medio Ambiente combate la deforestación, y por el otro el BNDS financia proyectos de expansión de la soja y de la actividad pecuaria que avanzan sobre la floresta. Por detrás están los grandes intereses del agronegocio que presionan al gobierno a mantener una política flexible y que daña para el equilibrio de la Tierra.

Las movilizaciones sociales y los alardes sobre los perjuicios que la acción humana viene causando al medio ambiente no fueron suficientes para garantizar la concreción de acuerdos eficaces durante la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (COP-15), concluida el viernes (18) en Copenhague, Dinamarca.
Los líderes mundiales demostraron una vez más la preferencia por el desarrollo del capital en detrimento de la vida. Aún así, la postura de desdén para con los problemas climáticos del planeta no está paralizando las acciones de la población en su lucha por pequeños cambios. La evidencia dada a la causa ambiental ha servido para generar conciencia y, de a poco, cambiar malos hábitos de consumo. "El lugar más inmediato es comenzar por cada uno", sostiene Leonardo Boff.
En entrevista con ADITAL, el teólogo, filósofo y escritor habla sobre la necesidad de comenzar los cambios en nosotros que van a beneficiar a la Tierra. "Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta". Para Boff, no debemos depositar nuestras esperanzas en las decisiones que vienen de arriba.

Vía: www.webislam.com

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En este post explico detalladamente lo que se esconde detrás de esas misteriosas estelas que todos hemos observado alguna vez en nuestros cielos.
Se tratan de fumigaciones secretas altamente contaminantes y muy dañinas para nuestra salud con un único objetivo que más adelante explico. Lee atentamente lo que muchas webs y foros nos quieren advertir.
La alarma saltó en EE.UU en el año 1997. De la noche a la mañana se comenzaron a ver en el cielo extrañas nubes en forma de X que parecían corresponder al cruce de dos aviones que dejaban largas y tupidas estelas blancas tras de sí, con la particularidad de que, lejos de desaparecer a los pocos segundos como era habitual, perduraban en el tiempo expandiéndose hasta formar una densa neblina en el cielo. Decenas de personas conectadas con la naturaleza se dieron cuenta de que todo aquello no era normal ni natural, y comenzaron a denunciar que algo muy extraño estaba aconteciendo en nuestros cielos.
El nombre que se les dio a estas estelas fue: “chemtrails”, anglicismo que proviene de la unión de las dos palabras: chemical (químicos) y trail (cola) y que se asemeja a la palabra contrail que significa estela de condensación (usada hasta entonces para denominar a las colas blancas de vapor que los aviones jet dejaban tras de sí en el cielo y que se disipaban rápidamente a los pocos segundos). En España y otros países europeos estas estelas anómalas comenzaron a verse más tarde, hacia el año 1999, e igualmente desataron las sospechas de la gente más observadora.
Los chemtrails son más usuales de lo que pueda llegar a pensarse, de hecho, pueden observarse casi a diario en nuestros cielos.
Actualmente en España existe este foro que sigue muy de cerca este controvertido tema, y lleva a cabo un seguimiento a diario de las fumigaciones en varios puntos de la península ibérica, e incluso se han unido personas de otros países.
Asímismo en la mayoría de países occidentales se están siguiendo y denunciando estas fumigaciones secretas e ilegales sobre la población civil, sin que ninguna autoridad competente ofrezca una respuesta convincente a lo que acontece en el cielo de todo el planeta, ante la frustración y la impotencia de la ciudadanía que observa, con inquietud, como su cielo es fumigado casi a diario.
Existe mucha información en Internet sobre este fenómeno. Buena parte de la información que niega la existencia de los chemtrails forma parte de una estrategia de desinformación y ocultación perpetrada por personas al servicio de los responsables de estas operaciones que se esfuerzan, las 24 horas del día, en mantener su versión como verdadera.
Para ello utilizan las siguientes estrategias:
Por un lado, podemos encontrar métodos de desinformación, como la publicación de textos y teorías que intentan desviar la culpabilidad de los chemtrails a los extraterrestres y sus OVNIS para así crear un velo de “frikismo”, de extravagancia o de leyenda urbana alrededor del fenómeno.
Por otro lado, encontramos el cinismo pseudos-científico (la versión oficial), que continúa empeñado en hacer creer que esas estelas anómalas son solamente vapor de agua y que siempre estuvieron ahí, o que son producidas por la mayor altura que los vuelos comerciales tienen desde hace una década (14.000 metros). Esta teoría cae bajo su propio peso, ya que los aviones que dejan los chemtrails vuelan entre las nubes tipo cúmulo y este tipo de nubes nunca se da por encima de los 3.000 metros de altitud, y la mayoría de las veces, se pueden distinguir a simple vista las alas de los aviones que fumigan nítidamente.
Respecto a esto, el investigador Rociano Marcianó comprobó mediante medios ópticos que. Utilizando un láser de 4 kilómetros de alcance, lograba acertar a los aviones que pasaban fumigando en las noches de Sanremo, Italia, quedando nuevamente refutada la teoría de que dichos aviones podían ir a más de 8.000 metros (Condiciones que según la NASA, son indispensables para que las estelas de condensación se formen).
Una simple observación inteligente nos puede sacar de dudas: por la ley, los aviones comerciales no pueden volar en formación, tampoco es usual ver un avión comercial variar su rumbo 180º o hacer giros tan agresivos que llevarían a la náusea a la mayoría de sus pasajeros. Y más aún cuando estas estelas forman círculos, y son fotografiadas en ciudades que no tienen aeropuertos. Definitivamente, los aviones de baja altura que pasan fumigando no corresponden a aviones comerciales y es fácil percatarse de ello.
Hace algún tiempo, se daba la circunstancia de que, al tomar fotografías con zoom a estos aviones sospechosos, no se captaban logotipos, ni colores identificativos. Eran totalmente blancos, grises, o a veces translúcidos, sin distintivos. Pero, desde hace algún tiempo y a raíz del creciente número de observadores de este fenómeno, se ha observado que estos mismos aviones fumigadores presentan colores similares a las compañías aéreas, por lo que se piensa que han empezado a pintarlos para no levantar tantas sospechas.
Si nos dedicamos a observar el cielo de forma habitual, podemos observar, e incluso grabar, pruebas irrefutables de fumigaciones intencionadas como las que muestra el siguiente vídeo.



¿Pero cuál es el verdadero motivo de estas fumigaciones que son tan cuidadosamente ocultadas a la población?
Si algo se percibe cuando uno entra en los foros de observadores del cielo es pasión por la investigación, y para investigar no hacen falta millones de euros o carreras universitarias, sino ganas de hacerlo. A lo largo del último año, un simple grupo de personas observadoras probablemente hayan llegado a más conclusiones que todos los miles de científicos subvencionados por los gobiernos, lo cual hace pensar, que tal vez no se desee llegar a ninguna conclusión o solución.
Según las conclusiones de los observadores españoles, estas estelas, lejos de ser inocuo vapor de agua, serían rociadas a baja altura, entre y sobre las nubes cúmulos con varios fines:
1.- Erradicar la posibilidad de precipitación de las nubes de lluvia, creando unas condiciones de baja humedad atmosférica que explicaría la inusual sequía que vive España desde que se iniciaron estas operaciones.
2.- Subir las temperaturas de forma alarmante: los chemtrails se expanden durante horas, formando una capa blanquecina que crea un efecto invernadero artificial (ya que evita que el calor de la tierra escape al espacio).
3.- Provocar el cambio climático que tanto se publicita en los medios de comunicación y que sin las fumigaciones no existiría.
4.- Esparcir por la atmósfera ciertas sustancias tóxicas y patógenas que estarían aumentando el número de enfermedades crónicas y alergias graves de forma alarmante en todo el planeta.
Estas conclusiones, se ven reforzadas por denuncias de asociaciones locales de agricultores, como es AVIMON en Soria, o de agricultores payeses que denuncian que hay aviones que pasan rociando algún tipo de sustancia sobre las nubes de lluvia impidiendo que éstas precipiten. Igualmente, existe mucha controversia con el famoso cambio climático de que Al Gore y ciertas multinacionales tratan de publicitar a marchas forzadas desde el inicio de las fumigaciones tal vez con fines comerciales.
Es también bastante común ver como aumentan de forma significativa las gripes, los resfriados y las alergias extrañas y persistentes, o como se incrementan los niveles de enfermedades crónicas cada vez que estos aviones pasan sobre nuestras ciudades dejando el cielo pintado con dibujos, cuando menos, inquietantes.
Vía: Angulo13
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Isabel Sánchez